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El arte funcional / Alberto Cairo Copy

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El arte funcional. Infografía y visualización de información. Alberto Cairo, Madrid, Alamut, 2011, 256 pp.

Alberto Cairo es un reputado diseñador e infografista, con experiencia tanto en el campo de las publicaciones impresas como en los medios digitales. Su trayectoria estuvo inicialmente vinculada con el diario El Mundo, donde fue jefe de infografía de su edición digital desde el año 2000 al 2005. Actualmente dirige la sección de infografía de la revista brasileña Época, uno de los principales semanarios de este país sudamericano.

La infografía permite condensar informaciones complejas, adaptándolas al medio de comunicación (impreso, audiovisual o digital) en el que se difundan, con el fin de facilitar la comprensión de todo tipo de datos (procesos, cifras, desplazamientos, etc.), por parte del público. Se trata de una herramienta informativa de primer orden, que puede funcionar como acompañamiento a otros contenidos o como pieza específica. Por su naturaleza, se ubica tradicionalmente en un término medio entre el diseño y el periodismo; entre el arte visual y el tratamiento de la información.

En 2008, Cairo publicó Infografía 2.0. Visualización interactiva de información en prensa (ed. Alamut), un análisis del género y sus aplicaciones en medios periodísticos. El libro que nos ocupa busca continuar y profundizar en lo apuntado en el anterior, yendo así de lo particular (la infografía en medios escritos) a lo general (características y técnicas de la infografía, lo que Cairo denomina “el arte funcional”). Se trata, en consecuencia, de un libro con densidad teórica, que aspira a delinear los trazos fundamentales de la creación de piezas infográficas, las tendencias principales de creación de infográficos en los medios de comunicación y, sobre todo, el sustrato histórico y científico que nutre a esta práctica.

Estamos, por tanto, ante un libro que busca clarificar un panorama aún insuficientemente esbozado: la infografía no es un arte (o una ciencia) nuevo, pero sí es una práctica a la que no se ha prestado demasiada atención desde un punto de vista teórico. Si en su primer libro sobre este tema el autor nos explicaba cómo se realizaban piezas de infografía, en este trabajo Alberto Cairo nos permite hacernos una idea clara y precisa de los porqués.

El libro está dividido en tres bloques principales: en el primero, Cairo define las características fundamentales de la infografía y los diferentes acercamientos posibles a una información determinada y su plasmación mediante un gráfico. En la segunda parte, el autor desarrolla un breve exordio sobre la evolución histórica y los principales antecedentes de la infografía. Por último, en la tercera parte se describen los fundamentos cognitivos que ayudan a entender qué funciona bien, y qué no, en la visualización de información mediante gráficos.

Como indica Cairo, “un infográfico no es algo simplemente para ser observado, sino para ser leído; el objetivo central de cualquier trabajo de visualización no es la estética ni el impacto visual per se, sino el ser comprensible primero y bello después” (p. 18). Ese es el anclaje fundamental de cualquier trabajo de infografía, que también se explicita en el título (El arte funcional): la función ha de anteponerse a la forma; la transmisión eficaz de información, por delante del criterio estético. Lo cual no significa dejarlo de lado, sino simplemente tener claro el orden de prioridades. Unas prioridades que se pondrán de manifiesto de manera aún más acuciante si el infográfico se realiza para un medio impreso, con un espacio más limitado que el digital y con menos herramientas a nuestro alcance (no podemos incluir vídeos, ni animaciones, ni gráficos interactivos para que el lector navegue por la información).

Al respecto de la combinación entre forma y función, Cairo describe la existencia de dos escuelas contrapuestas. Por un lado, la representada por el profesor de Estadística de la Universidad de Yale Edward Tufte, autor de diversos trabajos de infografía. Tufte defiende el principio de buscar una mayor densidad informativa por milímetro cuadrado de tinta (o de espacio), y un estilo despojado de todo aquello que no sea funcionalmente necesario. Por otro lado, la de dos infografistas (Nigel Holmes y Otto Neurath) centrados en simplificar al máximo el mensaje y utilizar símbolos directos, de aspecto amigable y fácilmente digeribles por parte del lector (p. 86).

La disyuntiva, que como puede apreciarse también deriva de la procedencia profesional de los defensores de ambos estilos, queda resumida por Cairo (que tiende a preferir el planteamiento de Tufte, aunque sin llevarlo al extremo) de la siguiente manera: “los minimalistas favorecen presentaciones más abstractas, funcionales, densas, multidimensionales, de originalidad moderada y que evitan la redundancia. Aquellos profesionales procedentes de disciplinas más blandas, como el Diseño Gráfico y el Periodismo, suelen preferir gráficos más figurativos, estéticos, livianos, unidimensionales y, dependiendo del caso, de una cierta originalidad y con algo de redundancia que refuerce los mensajes” (p. 87).

La segunda parte del libro es una interesante disquisición histórica que nos explica los orígenes de la infografía o la representación visual de datos (que comienza con la cartografía, es decir, el trazado de mapas que intenten explicar la fisonomía del mundo circundante). Asistimos a un proceso paulatino de racionalización de dibujos, mapas, gráficos y figuras conforme el saber científico va ganando espacio al mítico-religioso, y también según las técnicas que permiten plasmar dichas representaciones visuales alcanzan un mayor grado de precisión.

Por último, la tercera parte analiza los principios físicos y biológicos que ordenan la percepción de los seres humanos, y de los que hemos de partir a fin de conseguir trabajos infográficos todo lo eficaces y adaptables a dichas características que sea posible. Una vez más, salen a colación (como casi siempre que hablamos de percepción visual) los principios de la Gestalt que explican el funcionamiento del cerebro en relación con las imágenes, y que Cairo analiza a la luz de los trabajos de infografía: “Nuestra mente mapea internamente nuestro entorno. Para hacerlo, se vale de múltiples reglas, trucos y atajos. Estudiarlos nos conducirá a practicar con mayor eficacia nuestro trabajo de comunicadores visuales” (p. 211).

El libro, en conclusión, aporta la necesaria combinación entre dimensión práctica y teórica, perspectiva profesional y académica, para entender el funcionamiento de una técnica de transmisión de datos cada vez más importante, y particularmente en el campo del periodismo. Reivindica la existencia de un sólido sustrato teórico que no sólo (ni principalmente) proviene del campo de las humanidades, sino que combina éstas con aportaciones provenientes de la psicología cognitiva y el análisis estadístico. Incide en la importancia fundamental de no perder de vista, en ningún momento, el carácter divulgativo de los trabajos infográficos: la necesidad de comunicar la mayor cantidad de información en el menor espacio y de la forma más sencilla que sea posible. Y, además, Cairo desarrolla todo ello con un estilo ameno y eficaz en el que predica con el ejemplo, y que se combina con la web http://www.elartefuncional.com/, un amplio compendio de ejemplos y materiales complementarios al propio libro que resultan, también, particularmente esclarecedores.

Guillermo López García
UVEG